2008.04.26. Agró. (El negocio está en el aire)

El negocio está en el aire

dissabte 26 d’abril de 2008.

 

El lobbismo tiene muchas facetas. Se mueve por despachos de alfombras mullidas, o por restaurantes de reservados con manteles impolutos donde circulan los licores y los habanos. Y también tiene cara. No en el sentido castizo, sino en el literal. Este profesional de las gestiones discretas y las influencias tiene casi un cuarto de siglo de profesión a sus espaldas. Ha estado relacionado con una multinacional que metió la cabeza en el avispero de la energía eólica en sus arranques en España. Al final, sus oficios valieron para una potente implantación por todo el territorio nacional y salió despedido como cabeza de turco cuando las gestiones tocaron una fibra sensible.

El lobbista tiene cara, ojos, manos, cerebro y, sobre todo, una magnífica agenda que aflora casi sin querer en cuanto comienza la conversación. La cita es en la cafetería de un centro comercial del corazón urbano de una capital del tercio noroeste de España, casi al mediodía. Una cabeza canosa, una cuidada barba de aire mefistofélico, algo pasado de peso, americana de buen corte, sin corbata. Zapatos sport ingleses, con cordones, camisa de cuadros de caza. Es que acaba de empezar la temporada de los tiros. Apretones de manos, la primera cita conjunta tiene lugar en la misma cafetería con unos industriales que quieren empezar a hacer negocio con la etiqueta de «producto medioambiental». El primer rédito ya lo han conseguido, tras una gestión en la intimidad con el presidente de una gran empresa pública española del sector de la energía.

Un carrusel de presentaciones por la gran ciudad. Incluso un intercambio a pie de barra de bar con el máximo representante del Ministerio de Medio Ambiente en la región, un hombre que maneja un presupuesto milmillonario (en euros) que se precia de la amistad con el lobbista. No hay compromisos firmes. Hay muchas sonrisas, abrazos cómplices, referencias a amigos comunes, a la preparación de futuras citas. Fuera del despacho, claro. Hay que abonar.

Es una explicación no pedida, con mueca cómplice. También hay pocas ganas de ser concreto a la hora de explicar el milagro de la energía eólica en España. Una reivindicación de largo aliento del movimiento ecologista que se ha vuelto como un bumerán en contra del mismo sentimiento que lo anhelaba.

Aunque no se puede decir que la implantación de la energía que viene del aire no sea un éxito. España es el segundo país del mundo que genera más megavatios procedentes del viento, sólo detrás de Alemania. Unas cuantas cifras explicativas de que nuestro país es ciertamente una potencia mundial en generación de energía eólica. Mientras la generación alemana es de unos 15.000 megavatios anuales, España está en poco más de diez mil (10.027,905, de acuerdo con los datos de Red Elétrica Española, REE).1 Mientras, Estados Unidos genera sólo 9.100; China 1.900; Japón, 1.078; Francia, 757, o Italia, 1.717 megavatios. Para hacernos una idea de la magnitud de la potencia cólica española, sólo Galicia generó el año pasado más del doble de electricidad (2.369 megavatios) con sus aero-generadores que toda una potencia industrial como es Japón.

De hecho, Galicia es la comunidad autónoma española que más electricidad genera por este método, por delante de Castilla-La Mancha (2.017 megavatios) y de Castilla y León (1.816 megavatios). Aunque Galicia sigue a la cabeza de la implantación de parques eólicos (creció un 23,63 por ciento respecto al año anterior), la inmensa región de la meseta sur mantiene un enorme crecimiento de aerogeneradores en 2005, un 20 por ciento más,2 por delante de Castilla y León (18,12 por ciento). Un mero vistazo al observatorio de la energía sobre implantación de la eólica muestra un dato relevante por curioso: comunidades con enormes posibilidades en esta área como Baleares, Comunidad Valenciana, Murcia o Cataluña apenas tienen presencia de esta tecnología en su suelo.

Todo este cúmulo de datos se traduce en la presencia de 12.500 molinos repartidos en 483 parques eólicos,3 muchos de ellos en lugares de interés ambiental y paisajístico. Cuando se le planteó la cuestión del impacto ambiental y paisajístico a Fernando Ferrando, hasta hace poco presidente de la Asociación Empresarial Eólica, respondió con el siguiente chascarrillo:4 «Un consejero de Medio Ambiente me dijo que había pasado por una carretera y había visto un parque nuestro que se veía “que pa qué”. Le respondí: ¿Sabes? No sabes cómo se ve tu carretera desde nuestro parque». Aún más concluyente es el anterior consejero de Trabajo e Industria —el primero del primer Tripartit—, Jordi Valls. El político de la Generalitat hablaba en el marco del Energy Congress, en el que se fundó el autodenominado «lobby eólico catalán». Valls pedía que «las fuerzas medioambientalistas, que han conseguido que se apruebe un plan de energía, apuesten por las renovables». Y seguía diciendo, tras reconocer el impacto paisajístico y ambiental de los parques eólicos, que había que obviarlos «por coherencia».

La energía eólica en los últimos años se ha desplegado en nuestro país sin muchos complejos. Aunque no todo son buenas noticias para ellos. Una ingeniera del sector nuclear explicaba que la energía cólica «funciona con demasiadas ventajas. Son claramente ineficientes. O los subvencionamos o se hunden». ¿Rentabilidad en entredicho? Un par de datos cruzados: aunque la potencia instalada de energía cólica el año pasado era de un 12,86 por ciento del total, toda esta infraestructura sólo fue capaz de generar el 7,26 por ciento de la energía que finalmente se produjo en España. Un dato de ineficacia que avala la tesis de buena parte del sector energético y que no resiste comparación con la denostada energía nuclear (10,10 por ciento de potencia instalada, 20,66 por ciento de generación), o de la energía procedente de centrales de ciclo combinado (16,30 por ciento por un resultado final del 17,67 por ciento).5 Para dar una idea del crecimiento del sector, basta con mirar los datos de 2002. Frente al 7 por ciento actual de la producida, la eólica suponía entonces el 2,8 por ciento únicamente. De ésta, sólo se consumía el 0,4 por ciento. El panorama de futuro de la energía eólica en España se mueve por dos variables: por un lado, el Plan Energético Nacional (PEN); por otro, el Real Decreto Ley 7/2006 de 23 de junio, que fija las retribuciones (subvenciones) a la energía cólica a partir de 2007. Sobre este segundo punto se hablará más adelante. El objetivo del PEN son 20.000 megavatios en 2010. Además, fija un reparto autonómico de los máximos a producir en cada comunidad. Paradójicamente, un sector de tan poco rendimiento industrial y que tiene que ser subvencionado reclama que esos topes se suban y manifiesta disconformidad con los máximos fijados para cada autonomía. Las peticiones de parques superan las previsiones y topes legales fijados por cada autonomía. ¿Cuál es la magia? El negocio está en el aire, la respuesta en el viento, Bob Dylan dixit. «En la subvención», subraya un ingeniero del sector. Pero cada cosa a su momento.

Busquemos, por tanto, respuestas en el aire. La energía eólica depende pura y exclusivamente de que sople el viento, aunque de hacer caso a nuestro lobbista, habría que ver si parte de la ineficacia se debe a parques mal situados en lugares rentables económicamente, pero no industrialmente. Habla un técnico: «Toda la red está interconectada, por lo que la eólica entra en el sistema cuando se mueven los molinos. Lo que pasa es que no siempre se mueven los molinos cuando hace falta porque hay un pico de consumo. Por ejemplo, cuando en agosto o julio aprieta el calor y todo el sistema se sobrecarga por la demanda de energía para aparatos de aire acondicionado. Quizá sople el aire por la noche, pero en ese momento no hace falta más energía y se va a ningún lado». Por lo general los técnicos estipulan que el sistema eléctrico español no soportaría más de un 15 por ciento de dependencia de Eolo, porque cuando, por azares climáticos, el viento deja de soplar, hay que conectar inmediatamente las centrales de energía convencional para evitar un súbito y demoledor apagón entre los ciudadanos. Quien invente el acumulador de energía habrá dado con la clave del futuro energético mundial. Pero de momento ese invento no existe, así que por las noches los aerogeneradores giran y giran sin desmayo, sin que el valioso caudal de energía que están creando vaya a ningún lado.6 Una falta de rendimiento (o al menos dudas), que contrasta con la pujanza del crecimiento de estas instalaciones por todo el país. Quizá para entenderlo tengamos que volver a la charla con nuestro lobbista de cabecera.

Parece bastante claro que la conciencia ecológica y la necesidad de las energías renovables estaban lejos de los ánimos de este lobbista (al que ya llamaremos Javier, nombre supuesto). En la mente de todos aquel frenético lustro de principios de los noventa en que aterrizó seriamente y en formato industrial la energía cólica en España. Sólo había una idea en la cabeza: negocio fácil.7 El relato de Javier es estremecedor por descarnado. Alarmante por descarado. Preocupante por sencillo. Triste por real.

AL ASALTO DEL VIENTO

Todo empezaba de una manera inocente. Digamos que el espacio eólico estaba virgen en el país y había quien no estaba dispuesto a dejar pasar la ocasión de sacar ganancia de la circunstancia. «Se empezaba por pedir estudios científicos de exploración», cuenta Javier. Las consejerías de industria de las comunidades autónomas hicieron de esta manera una primera distribución de los territorios susceptibles de tener una explotación de energía cólica. «Las grandes compañías, que no creían demasiado en el tema ni veían la posibilidad de negocio, aún tardaron en reaccionar. No cayeron en que, incluso entre sus empleados, había gente muy lista, inteligente», relata el lobbista.

Los hechos nos hablan de una suerte de mapa ecólico nacional, de los lugares susceptibles de emplazar un parque eólico. «Así las grandes compañías se quedaban tranquilas, porque pensaban que no tenían más que ir allí y colocar sus molinos. Grave error y gran negocio a la vista», explica Javier con sorna.

De lo que nos habla Javier es de directivos de las empresas eléctricas que fueron al asalto del suelo. Suelo que no valdría mucho sin el aire que lo rodea.

«Era fácil. Vas al dueño del suelo, que nunca ha oído hablar de la energía renovable ni hostias. Le dices: “Mira, por poner aquí un cacharro que no te va a molestar te voy a dar medio kilo al año”. “¿A palabra?” “Éste es el contrato. ¿Hecho?” “Hecho.” Y ya está, ya eras el dueño de los derechos eólicos del suelo.»

Negocio redondo que requería una inversión cero. A cambio, claro, de una información privilegiada. «No hay más que mirar cuántos directivos de las grandes ahora están en empresitas de cólicas», sigue el lobbista. «Cuando aparecían los pijos de Madrid con la noticia de que allí iban a poner un parque cólico, porque antes no querían decir nada a nadie, no fuera a haber filtraciones entre los vecinos —risas—, se encontraban con que aquel con el que tenían que negociar no estaba allí, sino en un despacho de abogados de Madrid, Barcelona, Zaragoza, Valladolid o Toledo».

Pero el lobby no había hecho más que arrancar. «Y mira cuántos han pasado de la administración autonómica a las eléctricas», rubrica. Porque según el testimonio de este, en cierto modo, agente de las grandes compañías de la energía eólica, la industria tenía más facilidad para «engrasar» los rodamientos de los permisos autonómicos que los del gobierno central. «La clave estaba en pedir un parque para una potencia de menos de 49 megavatios. Es el límite de autorización de las autonomías.» Las corporaciones locales eran aún mucho más fáciles de «engrasar».

«Todos los alcaldes estaban encantados de que les pusiéramos un parque eólico. Hasta un kilo por molino, podían poner las aceras de oro, si querían. Reelección asegurada.»

Por si acaso, en la fase de convencer a los alcaldes para instalar parques de energía eólica se les llevaba, con todos los gastos pagados, a ver instalaciones modélicas incluso fuera de España. «Pero no te creas que era muy necesario, enseguida estaban por la labor.» La leyenda de la trastienda de la energía eólica cuenta que hay un alcalde que se lleva todos los años a todos los vecinos del pueblo de vacaciones desde la España interior al Caribe, con todos los gastos pagados.

¿Por qué era necesario tener cerca al poder local?

«Luego —sigue explicando Javier— aparecían otros especímenes en escena: la alondra Dupont y los ecologistas». Este lobbista denuncia la existencia de otro lobby desconocido que le hacía la competencia profesional. «Porque de eso se trataba también por su parte, de sacar dinero con este negocio.»

Más estremecimiento. Este lobbista habla sin rubor de catas arqueológicas y geológicas amañadas y de sucintos estudios de impacto medioambiental, también a cargo de las autoridades autonómicas. «En cuanto dábamos tiempo o juego aparecía la puñetera alondra. Y detrás los ecologistas locales, a los que había que “engrasar” con dinero que, me da la sensación, era su auténtico interés.» Un peligroso juego entre energías limpias, favorecer el medio ambiente y favorecerse con el medio ambiente.

LOBBISTAS CONTRA LA LEY (SÓLO UNA) :

Pero pasemos de la guerra de guerrillas, pegada al terreno, de nuestro lobbista y adentrémonos en el terreno de las grandes estrategias. Decididas y discutidas desde los salones. España se ha convertido estos años en un verdadero rosario de parques eólicos. Probablemente el desorden con que éstos están distribuidos en los lugares mejor conservados medioambientalmente del país sea lo que irrite a sectores ecologistas que tan a favor están generalmente de fuentes de energía renovables. Para observar la realidad física de la energía eólica no hay más que recorrer las carreteras de la Península —el origen del chascarrillo del ex presidente de los eólicos, Ferrando— y echar un vistazo. Hay incluso áreas de gran producción eólica en las que los parques se juntan y acumulan sobre crestas y desenfiladas de las sierras. Los más de 12.500 aerogeneradores —que es el término técnico para denominar a los molinos— están repartidos en 483 parques.8 Todo esto parece sugerir que la generación de energía eólica está caracterizada por el minifundismo. Nada más lejano a la realidad: la gran dominadora de este mercado es Iberdrola, que tiene a su cargo el 35 por ciento de la energía de origen eólico que se produce en España. Las otras grandes son Gamesa y Acciona, seguidas de cerca por Endesa. Entre las cuatro dominan casi totalmente el mercado eólico español. ¿Por qué, entonces, esa diseminación en parques pequeños? Nuestro malpensado lobbista de a pie piensa que es para lograr estar bajo el control de los gobiernos autónomos y no del Estado central. Otros técnicos aseguran que es el tamaño de instalación suficiente para ser rentable.

Sea cual sea la razón, la relación de fuerzas en el mercado de la energía que genera el aire está perfectamente representada en el lobby público y oficial de estas empresas. Se llama Asociación Empresarial Eólica (AEE) y la preside, tras el paso de Fernando Ferrando (que lo era en representación de Game¬sa), un hombre de La Caixa, Juan Carlos Martínez-Amargo. Las bases fundacionales de AEE dicen textualmente que «la Asociación Empresarial Eólica (AEE) agrupa a la mayor par¬te de los agentes económicos del sector cólico español: pro¬motores, fabricantes, ingenierías, suministradores, asegurado¬ras, entidades financieras y otras empresas, además de varias asociaciones cólicas de ámbito regional. Entre sus objetivos se encuentran el desarrollo y la consolidación del crecimiento del sector eólico tanto en España como en el exterior. Los objetivos del sector eólico abren nuevas posibilidades para la inversión nacional e internacional, generando grandes expectativas ante una tecnología limpia y con recursos inagotables».

En este beatífico grupo están, además de La Caixa (financiadora y accionista de empresas eléctricas), Iberdrola, Endesa (Cogeneración y Renovables), Unión Fenosa, además de otras importantes empresas —incluso de capital extranjero— como GE Wind Energy, o Energy E2. También tienen voz fabricantes de un sector que da empleo a 31.000 personas, con 14.000 empleos directos y unos 17.000 indirectos. Porque la construcción de aerogeneradores da pie a la existencia de 150 fábricas de estos molinos que pueblan la geografía española. Una representación granada y sólida que da voz a 81 empresas asociadas, para plantar cara a quien tosa al sector. Que hay quien ha osado toserle.

Puede que la generación eólica no sea todo lo eficiente que sería deseable industrialmente. Pero sí es rentable económicamente. Hay quien piensa que incluso demasiado. Todo comenzó, tras aquellas experiencias de Tarifa (Cádiz), con la Ley del Sector Eléctrico de 1997, en el principio de la era Aznar en el gobierno. La preocupación por la dependencia de los hidrocarburos caló, como la «lluvia fina» —Aznar dixit, esta vez no fue Bob Dylan—, hasta el gobierno, que con esta ley primaba el uso de fuentes de energía renovables. Así, se establecía como régimen especial a las generadas en centrales minihidráulicas, la solar fotovoltaica, biomasa, cogeneración y eólica. Esto supone que cada vez que las centrales generadoras de estas energías se conectan a la red de distribución (que gestiona Red Eléctrica Española, REE), su unidad de energía (el kilovatio/hora) recibe una prima por parte del gobierno. Una cantidad sustanciosa y hay quien piensa que excesiva. Además de esta prima, los parques eólicos han recibido ayudas públicas a su instalación, tanto de la Administración central como de las autonómicas e incluso de la Unión Europea.

De esta manera, el sector eólico vivía floreciente y pujante, con fuertes inversiones de bancos y eléctricas. El tiempo de amortización de los parques, establecido generalmente en 10 años (en parques con una previsión de cerca de 30 años de vida) merced al sobreprecio a su kilovatio. Hay incluso quien asegura que muchos parques, situados en puntos estratégicos en las cordilleras, con gran impacto ambiental, logran la amortización en apenas un lustro.

El lobby eólico, sin embargo, tiene enfrente a otros lobbies mucho más poderosos. Poco antes de cesar como ministro de Industria, José Montilla y su secretario de Estado de Energía, Antonio Fernández Segura, publicaban el Real Decreto 7/2006 de 23 de junio, por el que fijaba la desaparición de las bases jurídicas a la retribución a la generación eléctrica que las renovables vertían a la red. De repente, las grandes inversiones hechas en eólica y las previstas en solar y biomasa quedaban en el aire porque la prima, el sobreprecio que reciben los productores de electricidad renovable, quedaba sustituida por un sistema de primas discrecional en manos del ministro de Industria de turno. Desde julio de 2006 en que se publicó este decreto que unió a todas las asociaciones de renovables con furia nunca vista contra un Ministerio de Industria, la AFE y el resto de «lobbies renovables» no ha dejado de presionar para revocar el decreto, que ya está revocado .en sus consecuencias prácticas. En este mundo de lobbies, siempre gana el que más presiona.

Apéndice:

1. Observatorio Eólico 2005, Asociación Empresarial Eólica (AEE).

2. Datos de la Asociación Empresarial Eólica (AEE) referidos a 2005.

3. Datos de 2005.

4. La Razón, especial «Energía eólica», 2006.

5. En este sentido, la energía hidráulica es la menos eficiente, ya que sobre un 21,36 por ciento de potencia instalada sólo generó en 2005 el 6,98 por ciento de la electricidad. Claro que se trató de un año de sequía en el que apenas se pudo hacer desembalses para generación eléctrica. Las centrales de carbón siguen suponiendo el 15,48 por ciento de la potencia instalada española, seguidas de 16,30 de ciclo combinado; 12,20 de centrales de fuel/gas; y otras de diferente cuantificación el 11,70 por ciento. En cuanto a sus resultados en generación, además del buen resultado nuclear destaca el carbón (29,9 por ciento), seguido por ciclo combinado (17,67 por ciento), fuel/gas (7,25 por ciento), eólica (7,25 por ciento) y finalmente la hidráulica (6,98 por ciento). 6. Una de las opciones para solucionar este problema que dan algunos técnicos pasa por instalar molinos junto a presas y utilizar la energía nocturna en bombear agua desde el pie de los saltos hidráulicos, para así utilizar la energía sobrante. Luego, por la mañana, se podría generar electricidad volviendo a turbinar el agua desde las presas. Es un sistema similar al que utiliza la central nuclear de Cofrentes (Valencia), en el salto hidroeléctrico de Cortes de Pallars. De momento esta alternativa no parece aún viable. Otra opción que se propone desde el ecologismo es situar aerogeneradores junto a las desaladoras, ya que éstas «fábricas de agua» siguen produciendo duran te la noche, en los momentos de baja demanda de electricidad, cuando el sistema está menos saturado.

7. Tarifa (Cádiz), conocida por sus incesantes y fuertes vientos en pleno estrecho de Gibraltar, vio el primer aerogenerador, de sólo 100 kilovatios, en 1981. A finales de los ochenta los primeros molinos en Ampurdán (Girona) y Granadilla (Tenerife) se enganchan a la red de distribución eléctrica. Hasta los años noventa la introducción de esta tecnología fue real-lenta. El Plan Energético Nacional de entonces marcaba un objetivo para 2000 de 175 megavatios. Esta cifra de gene->n ya se logró a mitad de la década de los noventa, los años del despegue del negocio eólico en España. Una cifra, la del Plan Energético Nacional de entonces, que ha quedado rebasada por la realidad. Ahora que se apunta a los 20.000 megavatios para 2010, las previsiones también parecen quedarse pequeñas para las ambiciones del lobby eléctrico.

8. Datos del Observatorio Eólico, 2005.

 

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Coordinadora d'Estudis Eòlics del Comtat. http://www.zona14.org

Posted on 26 Abril 2010, in Recull de premsa. Bookmark the permalink. Deixa un comentari.

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