2012.02.12. El faro de Vigo. (El eólico gallego se merece mucho más)

Faro de Vigo 12 de febrero de 2012 El eólico gallego se merece mucho más

EDITORIAL Tanto buscar sectores industriales con futuro, tanto indagar en pro de nuevos nichos de negocio y, sorprendentemente, Galicia está a punto de ver cómo se cercenan buena parte de las esperanzas puestas en el más descollante de cuantos han brotado en sus tierras en las últimas dos décadas: la energía eólica. La decisión del nuevo Gobierno de mantener la suspensión de las primas a las explotaciones de energías renovables deja en el aire, nunca mejor dicho, el plan eólico de Galicia, una de las apuestas políticas y empresariales que más ríos de tinta a hecho correr en las dos últimas legislaturas y un sector al cual la Xunta actual erigió como uno de los pilares básicos, sino el principal, de su política industrial. La suspensión de las ayudas afecta a proyectos para instalar 4.500 megavatios en toda España. A Galicia le corresponden 2.700, es decir, más de la mitad. Es prueba suficiente de la trascendencia que tiene para la comunidad. Pero hay más. Estaba previsto que el plan eólico gallego generase una inversión de 6.000 millones de euros: 3.500 millones para desarrollar los 91 parques estipulados y 3.000 más para los planes industriales asociados, es decir, aquellos que los concurrentes al concurso se comprometían a ejecutar si recibían la concesión. Hasta 13.000 puestos de trabajo directos e indirectos se calculó que generaría. La inversión en los concellos con instalaciones en su territorio rondaría los 650 millones y los propietarios de los terrenos percibirían en total unos ingresos de casi 300 millones. Esas son ni más ni menos las cifras que la propia Xunta esgrimió en su día para poner en valor un concurso que no dudó en calificar de histórico. Todo eso es lo que está en el aire. Por la sencilla razón de que los megavatios gallegos están fuera del registro –la llamada preasignación– que permite acceder a las subvenciones. Sin ellas, la rentabilidad de los molinos resulta menos segura y holgada, sobre manera a la hora de afrontar las inversiones de los planes complementarios comprometidos. Mucho dinero a invertir y garantías de retorno menores y más lejanas. Con la que está cayendo, el riesgo de un parón en seco es mucho más que una posibilidad. La deriva del sector eólico gallego tiene aires casi de vodevil, si no fuese porque es algo para tomárselo de cualquier manera menos a broma. Fraga adjudicó los primeros parques eólicos sin concurso, o sea, a dedo, por decirlo coloquialmente. El bipartito se vanaglorió de acabar con tal práctica y convocó para ello un concurso, una puja. Pero lo gestionó con enorme torpeza. Lo falló con las urnas ya calientes y lo hizo, además, en medio de una trifulca nada gratificante entre el BNG, responsable de la consellería de Industria, y sus socios del PSdeG, celosos y temerosos, entre otras cosas, de lo que temían acabase siendo un granero de votos. Y por si todo eso fuese poco, en los criterios aplicados para elegir ganadores podían tenerse en cuenta proyectos tanto para reflotar una cooperativa conservera como para cambiar de emplazamiento una papelera. Un disparate. Ya en campaña electoral, Feijóo prometía anular el concurso y convocar uno nuevo, regulado por ley, al tiempo que los tribunales de Justicia admitían los primeros recursos. Se anuló el viejo concurso, se falló uno nuevo, los tribunales validaron la legalidad del primero y, mientras, el ministro Sebastian cerró a finales de 2009 la ventanilla de preasignación que su sucesor, Soria, ha decidido mantener (cerrada). Esa es la historia, expuesta grosso modo. Y el caso es que, si realmente se piensa en futuro, en apuestas de estrategia industrial con desarrollo y viabilidad, pocas, por no decir ninguna, tiene Galicia tan claras como la del eólico. Figura a la cabeza de todas las autonomías en potencia instalada y, además, ha conseguido desarrollar una valiosa industria auxiliar paralela. Con ser importantes ésos dos, hay otro aspecto más relevante aún, como es que, sencillamente, Galicia es con diferencia la comunidad más eficiente y rentable en energía eólica, la que tiene mejor aire, como dicen en el sector. ¿Puede quedar excluida de las subvenciones la región que con mayor provecho puede aprovecharlas, valga la redundancia? ¿Acaso es mejor subvencionar molinos donde lo que no tienen es viento? Habrá quien diga que nos lo merecemos por la frivolidad con que actuamos, y no le falta razón, pero castíguese entonces a los políticos responsables, no a los gallegos. El eólico gallego es el más eficiente y rentable porque sus parques acumulan más de 2.500 horas de funcionamiento al año, un nivel que muy pocos alcanzan en España. La media está en torno a las 2.100 horas. Ésa es su gran fortaleza con respecto a los parques de otros territorios y ése debe ser su principal argumento a la hora de reivindicar un trato diferencial: que se prime, nunca mejor dicho, la eficiencia, y, en energía eólica, la más eficiente es Galicia. La Xunta pretende, en concreto, que, a cambio de la supresión de las primas, se garantice un precio mínimo al kilowatio durante los 20 años de vida útil de un parque. El ministerio de Industria, en cambio, quiere que los promotores de parques eólicos asuman la inversión con sus propios recursos y sin más ingresos que la venta directa de la electricidad que generen a precios de mercado, es decir, sin subvención alguna. En el trasfondo de todo el problema se encuentra, además de la brutal crisis económica, claro está, el llamado déficit tarifario, aquel que se genera por vender la electricidad a menor precio del que cuesta producirla y distribuirla, y cuya cuantía se estima que alcanza ya los 24.000 millones de euros. Un problema endémico que la alocada política energética del anterior Gobierno, desarrollada a golpe de talonario, ha elevado hasta insostenible. De ahí arranca la justificación para acabar con las subvenciones a las energías renovables. Pero si el Gobierno quiere en verdad apostar por un modelo energético sostenible, eficiente y con costes reales haría bien en diferenciar sectores y modelos. Porque el gran lastre de ése déficit tarifario no está precisamente en la eólica gallega, sino en los sobreprecios que se pagan por mantener fuentes energéticas deficitarias y agonizantes, como las minas de carbón asturianas, por poner solo un ejemplo. Tiene razón el Gobierno cuando reclama que se actúe en el mercado sin muletas, que los empresarios dejen de ver los molinos eólicos como un chollo exento de riesgos, pero más razón les asiste a esos mismos empresarios al reclamar unas reglas de juego claras y perdurables en el tiempo que les permitan tomar decisiones sobre bases, precisamente, del tal mercado, en vez de quedar al albur de los caprichos de éste o aquél político de turno. Son muchos, como se ven, los cabos pendientes de atar. Mientras tanto, bien haríamos en reparar en algunos ya suficientemente testados. Por ejemplo, en averiguar porque, quince años después de su eclosión, las parroquias más próximas a las aspas de los aerogeneradores siguen sin ver el desarrollo esperado, lo cual quizá exija analizar con rigor el verdadero recorrido del dinero del viento. O en cómo evitar más daños ecológicos, lo que pasa por respetar escrupulosamente las normas medioambientales y los espacios naturales. Todos los frentes son importantes y en todos hay que avanzar. Porque si en verdad queremos para Galicia bases económicas solidas, eficientes y perdurables, la del eólico no puede escaparse. http://www.farodevigo.es/opinion/2012/02/12/eolico-gallego-merece/623069.html

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Coordinadora d'Estudis Eòlics del Comtat. http://www.zona14.org

Posted on 12 febrer 2012, in Recull de premsa. Bookmark the permalink. Deixa un comentari.

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